¿Dime,
Dime qué te ocurre?
¿Por qué?
¿Por qué estás tan lastimado?
Parece,
Pero solo parece.
Yo también estoy en el lado oscuro
O estuve
No lo sé
Pero
No importa,
No importa nada
De veras, chico
Por favor
Creeme
No importa nada
Absolutamente nada
Si coges mi mano
Si mi mano
Va tras de ti
Y la tuya
Tras de mi
Y si tú no puedes
Intentaré poder yo por ti
Y si yo
Desfallezco
Intenta responder tú por mi
Tantas veces me dijeron
Quizá tantos consejos
No sean buenos
Yo quiero vivir
Por favor
Te lo pido
Aún blasfemando
En la iglesia
A un Dios
Sin sacrificio
Bajo el ángle caído
Al que mis lágrimas
Por ti
Te bañan de agua bendita
Y allí estaré
Siempre
Para ti
Y si fallo
No pido que me perdones
Solo que yo también
Estoy en el lado oscuro
Sonríe
Me digo
Al menos
Sonríe
Intenta
Intentemos salir
miércoles, 21 de octubre de 2015
A mi hijo y a ti
Dicen que soy mala
Muy mala
Pues cada mes
Pasan quince días
Ganándome el pan
Sin el sudor de mi frente
Y los otros quince castigada
En un infierno
Difícil de explicar
Inefable
Como los poetas místicos
O un más allá
No
No
No,
Digo la verdad
De casi niña
Con faldas
Y a lo loco
Un ministro
Medio Luna
Quiso mi capricho
Encaprichado de mi
Pero no se atrevió
A contar las estrellas
Por si pecaba de ingenuidad
O confundía los números
En mi ignorancia
De los astros de luz
En cada amanecer
Ahora
A mis treinta
Siempre recuerdo
Mis dos vínculos
Maduro
Niño
Ambos parecen rotos
¿Parchearlos?
¿Coserlos?
¿Hechizos eternos?
Sufro
Con cada rayo de Sol
Que me recuerda
Y sola
En mi soledad
Le pido a Dios
Sin rechistar
Muy mala
Pues cada mes
Pasan quince días
Ganándome el pan
Sin el sudor de mi frente
Y los otros quince castigada
En un infierno
Difícil de explicar
Inefable
Como los poetas místicos
O un más allá
No
No
No,
Digo la verdad
De casi niña
Con faldas
Y a lo loco
Un ministro
Medio Luna
Quiso mi capricho
Encaprichado de mi
Pero no se atrevió
A contar las estrellas
Por si pecaba de ingenuidad
O confundía los números
En mi ignorancia
De los astros de luz
En cada amanecer
Ahora
A mis treinta
Siempre recuerdo
Mis dos vínculos
Maduro
Niño
Ambos parecen rotos
¿Parchearlos?
¿Coserlos?
¿Hechizos eternos?
Sufro
Con cada rayo de Sol
Que me recuerda
Y sola
En mi soledad
Le pido a Dios
Sin rechistar
jueves, 1 de octubre de 2015
Bruja
Y....
¿Qué puedo decir?
¿Puedo soltar
Mi voz
De chica desbocada
A un cielo
Que parece
No escuchar?
Incapaz de comprender
Ni él
Ni yo
¿Incapaz?
Creo que no
Te escuché reir
Te vi llorar
Quisiste abrazarme
Pensé
Por un momento
Pensé
Que había otra oportunidad
Y no solo para mi
¿Puedo rozar las estrellas
Con mis dedos dañados
Y fuertes
Para que me aporten
La poca luz que me arrebataron?
¿Puedo...
Puedo decirte
Puedo...
Puedo contarte...?
Mientras un gato y una gata
Hacen el amor
Aquí
Tan cerca de nosotros
Callando sus gemidos
Por un monstruo
Que se supone
Recoge el mal
Y
Que mientras
Echa sus deshechos
A un camión temprano
Ellos llegan a un orgasmo de amor
Acaba de finalizar
La canción
Pero sigue
¿Puedo...
Puedo decirte
Que lo mismo siento yo?
Y no
No lo creas
Niño soberbio
Niño que quieres
Y anhelas
Comerte un mundo
Que solo te provocará
Una buena indigestión
La boca
Se va haciendo
Cada vez más grande
Con los años
Y puede más
¿Fuí tonta?
¿Acaso es que soy tonta?
No
Solo disimulé
Como esa falda al vuelo
Envuelta de laca
Que nunca echa a volar
Pero pájaros
Somos tú y yo
No me importa
Si acabas
De salir del nido
Y no me importa
Y sabes
Creo que sabes
Que aquí sigo
Y aquí seguiré
Iluminando
Con el farol de mis ojos
Tus noches más oscuras
Como algo
Ilumina las mías
Y así
Respirar
Respirar
Y decir
Nunca jamás
Y por siempre sea
Sin nadie que se entrometa
Sin nigún entrometido
Más allá
De tus entrañas
Y no hay que poner
Ninguna mano helada
A invitados
Que son bienvenidos
A quien ha de volver
Y tal vez
O por supuesto
Me equivoqué
Y creo
Que ya sabes
Creo que sabes
Que siempre estaré ahí
Un círculo
Que no se puede cerrar
Un laberinto
Del que saldremos
Tú y yo
Solo toca mi mano
Con la tuya
Niño
Muy niño aún
¿Puedes comprender
Todo esto?
Y no seas soberbio.
![]() |
| Lluvia de estrellas |
¿Puedo soltar
Mi voz
De chica desbocada
A un cielo
Que parece
No escuchar?
Incapaz de comprender
Ni él
Ni yo
¿Incapaz?
Creo que no
Te escuché reir
Te vi llorar
Quisiste abrazarme
Pensé
Por un momento
Pensé
Que había otra oportunidad
Y no solo para mi
¿Puedo rozar las estrellas
Con mis dedos dañados
Y fuertes
Para que me aporten
La poca luz que me arrebataron?
¿Puedo...
Puedo decirte
Puedo...
Puedo contarte...?
Mientras un gato y una gata
Hacen el amor
Aquí
Tan cerca de nosotros
Callando sus gemidos
Por un monstruo
Que se supone
Recoge el mal
Y
Que mientras
Echa sus deshechos
A un camión temprano
Ellos llegan a un orgasmo de amor
Acaba de finalizar
La canción
Pero sigue
¿Puedo...
Puedo decirte
Que lo mismo siento yo?
Y no
No lo creas
Niño soberbio
Niño que quieres
Y anhelas
Comerte un mundo
Que solo te provocará
Una buena indigestión
La boca
Se va haciendo
Cada vez más grande
Con los años
Y puede más
¿Fuí tonta?
¿Acaso es que soy tonta?
No
Solo disimulé
Como esa falda al vuelo
Envuelta de laca
Que nunca echa a volar
Pero pájaros
Somos tú y yo
No me importa
Si acabas
De salir del nido
Y no me importa
Y sabes
Creo que sabes
Que aquí sigo
Y aquí seguiré
Iluminando
Con el farol de mis ojos
Tus noches más oscuras
Como algo
Ilumina las mías
Y así
Respirar
Respirar
Y decir
Nunca jamás
Y por siempre sea
Sin nadie que se entrometa
Sin nigún entrometido
Más allá
De tus entrañas
Y no hay que poner
Ninguna mano helada
A invitados
Que son bienvenidos
A quien ha de volver
Y tal vez
O por supuesto
Me equivoqué
Y creo
Que ya sabes
Creo que sabes
Que siempre estaré ahí
Un círculo
Que no se puede cerrar
Un laberinto
Del que saldremos
Tú y yo
Solo toca mi mano
Con la tuya
Niño
Muy niño aún
¿Puedes comprender
Todo esto?
Y no seas soberbio.
jueves, 24 de septiembre de 2015
La madeja de hilo que deshizo el gato
CAPÍTULO 1
En la casita que está frente a tu casa vivo yo. Sé que la mía es una casa pequeña, que no pertenece a ningún edificio (el tuyo sé que tiene tres plantas). Si te has fijado, si alguna vez me has visto caminar sola por el paseo de los cedros, inmutable por ir soñando despierta y si en, algún momento has sentido la necesidad de perseguirme para saber algo más de mi, te habrás dado cuenta de que suelo volver a mi casa y solo me entretengo en comprar algún pequeño capricho, muy pequeño en la tienda de variedades de Conchita. Sí, esa mujer ancha y mayor que sé que desea afluencia pero también sentarse en su silla cuando nadie entra en su tienda para así descansar su edad.
Mi padre construyó el tejado rojo de mi casa, con mucho afán, perseverancia y sufrimiento. Arregló con ladrillos la parte de casa que no estaba construida y hasta plantó semillas de melocotoneros, naranjos y almendros. A parte de petunias, rosas y jazmines. Y no solo para abastecernos de los frutos sino para que tuviéramos unas buenas vistas a través de los ventanucos y mis hermanos pequeños pudieran corretear por allí maravillados por el paisaje y el aroma de las flores.
Mi padre trabajaba todo el día en la mina y solía tener problemas de conjutivitis, a veces, muy agudas que finalmente le dejaron ciego. Mi madre, todas las mañanas, iba a la puerta de la iglesia a pedir la poca comida que le daban para cinco personas, las cinco de las que se componía la familia. En Navidad se estiraban un poco más y nos daban turrones y licor. Los más pequeños iban al colegio y llegaban deseosos de la sopa de pan y un par de ciruelas de postre. Mi madre solo tomaba te y había incluso días que no comía nada. Quizá por eso era tan delgada aunque, pesar de su mala alimentación, siempre fue muy bella.
Pintaron las paredes de blanco y empezamos a tener gallinas en un corral de la parte de atrás de mi casa. Yo lo limpiaba y recogía los huevos, ayudaba a mi madre en la cocina y salía a pasear.
El cielo en Irlanda era opaco y cerrado hasta por la noche. Sobretodo en Invierno donde nuestra única calefacción eran unas mantas por encima de las piernas. No sé si te habrás fijado en mi pero si lo has hecho, quizá ya sepas todas estas cosas.
Ya tenía quince años por lo que mis padres decidieron ponerme a trabajar. Lo más fácil era en una fábrica, seguramente textil. Todo estaba lleno de fábricas... pero yo odiaba el olor que emanaban las chimeneas, sentía que iba a ser demasiado monótono y aburrido... no estaba segura de si podría hacerlo. Al fin y al cabo, no tenía ni idea de coser ni a máquina ni a mano pero sí sabía cocinar y limpiar por eso, por seguridad ante una inseguridad menor les planteé la posibilidad de entrar a una casa a servir a lo que ellos, gracias a Dios, accedieron respetando mi preferiencia.
En la casita que está frente a tu casa vivo yo. Sé que la mía es una casa pequeña, que no pertenece a ningún edificio (el tuyo sé que tiene tres plantas). Si te has fijado, si alguna vez me has visto caminar sola por el paseo de los cedros, inmutable por ir soñando despierta y si en, algún momento has sentido la necesidad de perseguirme para saber algo más de mi, te habrás dado cuenta de que suelo volver a mi casa y solo me entretengo en comprar algún pequeño capricho, muy pequeño en la tienda de variedades de Conchita. Sí, esa mujer ancha y mayor que sé que desea afluencia pero también sentarse en su silla cuando nadie entra en su tienda para así descansar su edad.
Mi padre construyó el tejado rojo de mi casa, con mucho afán, perseverancia y sufrimiento. Arregló con ladrillos la parte de casa que no estaba construida y hasta plantó semillas de melocotoneros, naranjos y almendros. A parte de petunias, rosas y jazmines. Y no solo para abastecernos de los frutos sino para que tuviéramos unas buenas vistas a través de los ventanucos y mis hermanos pequeños pudieran corretear por allí maravillados por el paisaje y el aroma de las flores.
Mi padre trabajaba todo el día en la mina y solía tener problemas de conjutivitis, a veces, muy agudas que finalmente le dejaron ciego. Mi madre, todas las mañanas, iba a la puerta de la iglesia a pedir la poca comida que le daban para cinco personas, las cinco de las que se componía la familia. En Navidad se estiraban un poco más y nos daban turrones y licor. Los más pequeños iban al colegio y llegaban deseosos de la sopa de pan y un par de ciruelas de postre. Mi madre solo tomaba te y había incluso días que no comía nada. Quizá por eso era tan delgada aunque, pesar de su mala alimentación, siempre fue muy bella.
Pintaron las paredes de blanco y empezamos a tener gallinas en un corral de la parte de atrás de mi casa. Yo lo limpiaba y recogía los huevos, ayudaba a mi madre en la cocina y salía a pasear.
El cielo en Irlanda era opaco y cerrado hasta por la noche. Sobretodo en Invierno donde nuestra única calefacción eran unas mantas por encima de las piernas. No sé si te habrás fijado en mi pero si lo has hecho, quizá ya sepas todas estas cosas.
Ya tenía quince años por lo que mis padres decidieron ponerme a trabajar. Lo más fácil era en una fábrica, seguramente textil. Todo estaba lleno de fábricas... pero yo odiaba el olor que emanaban las chimeneas, sentía que iba a ser demasiado monótono y aburrido... no estaba segura de si podría hacerlo. Al fin y al cabo, no tenía ni idea de coser ni a máquina ni a mano pero sí sabía cocinar y limpiar por eso, por seguridad ante una inseguridad menor les planteé la posibilidad de entrar a una casa a servir a lo que ellos, gracias a Dios, accedieron respetando mi preferiencia.
Micros humorísticos
En el parque
- Mamá, la pelota tiene vida.
- No puede tener vida, hijo. Es un objeto inanimado.
- Pues será que se ha animado.
Despertares con estres
Aquella mañana el despertador se adelantó veinte minutos. Intenté darme prisa para que el niño no llegara tarde al colegio. Ducha, vestirle, desayuno... ya histérica busqué una ropa adecuada que ponerme pero no supe cual, así que chillé: ¡Pero que coño me pongo hoy! A lo que mi hijo de tres años entró en mi dormitorio y me preguntó: Ah, mamá ¿Es que también tienes muchos coños?
Humanos
- Mamá cuando hablo, a veces, me equivoco.
- Bueno, hijo. Es que el que tiene boca se equivoca.
- Ya, pero es que también meto la pata.
- No te preocupes, errar es humano.
- Sí, pero también repito los mismos errores.
- No le des más vueltas. El ser humano tropieza más de dos veces con la misma piedra.
- Ah, jolín, mamá. Pues mira que yo pensaba que era extraterrestre.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Siglos de bondad
La
aventura de mi vida ha sido toda mi vida. Y lo seguirá siendo por los siglos de
los siglos y amén. Aunque no soy cristiana pero sí creyente y cuando renazca de
nuevo seguirá siendo una aventura. La de aquella que peca de ignorante bajo un
Sol de purpurina que hace lucir aún más su falda floreada y enfoca un
entrelazar de manos, las que, en ese momento la acompañan en su viaje restando
el peligro evidente de quien sufre de bondad. También he estado sola, bajo
techos de paso, con humedades y grietas amenazantes ante lo que estaba por
venir. Acariciando ya mi prominente vientre busqué un techo de vigas en la
buhardilla de juguete. Luego viví entre música de aquel que me llevó a su lugar
secreto donde un techo con telarañas me avisó que podía ser atrapada y corrí
para llegar a otro lleno de luces al que lancé la mía.
He
vivido bajo muchos techos pero cuando viví sin él comprendí cual era mi
verdadera aventura y aunque sé cual es aún está por llegar. Las estrellas me lo
indicaron como brújula en el bosque mientras te envuelve la más oscura noche.
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