viernes, 12 de mayo de 2017

Amaneceres tibios, noches frías


A ti

1

No sé si me armé de valor
O se me terminó el coraje
Lo que sé
Es que tuve que ponerme una armadura
Para que
Ante algún tiro inesperado
Rebotara hacía otro lado
Y no llegara a alcanzar
Mi...
Mi turbio?
Mi sereno?
Corazón

2

Como explicarte
Que te quiero porque no te quiero
Cómo explicarte
Que te padecí hasta en los huesos
Cómo explicarte
Si para tus preguntas
Es mejor
A veces
Muchas veces
El silencio
Y cómo explicártelo todo
Si me callan tus besos
De un azul granate
Fundido por la lluvia
Como acuarela
Que
Por el momento
Nos tiene desdibujados
Tú
Y tú piensas
Borrón y cuenta nueva
Y mi cuenta
Es no hacer borrón
Al menos aún
Aunque he echado de menos
Cinco euros de mi monedero

3.- De niños en el patio del colegio

Tus palabras se quedan grabadas en mi
Como en sortija
Tu nombre
O una fecha clave
No estoy jugando contigo
Aunque sí sé jugar
Y juego

4.- Creo que...

Creo que no me equivoco
Cuando mi mente dice sí
Y mi corazón no
Creo que no me equivoco
Cuando mi corazón dice sí
Y mi mente no
Sé que no me equivoco
Cuando mi mente dice sí
Y mi corazón también

Enteros
Con el par de dos
Y en
Concordancia
Que si falla tu corazón
Funcionará mi mente
Y si falla mi mente
Tu corazón me echará una mano
En manos de donde tú
Quieras que vaya
Donde el destino nos una
Si es que está escrito
Sin casualidades
Ni olvidos.

5

Me sabe triste
Mi habitación
En este día gris
Pero no oscuro
Sin ti y contigo
Me sabe gris
Este día tan oscuro


domingo, 16 de abril de 2017


En el médico

Doctor
-¿Qué tiene?
Paciente
- Diabetis
Doctor
-No, no tiene nada. Es mañana cuando juega el Betis.

Recomendación médica: aprender a leer y a escribir

Chiste católico

El otro día creo que a mi amiga se le fue un poco la olla porque me dijo:
- Oye, tía. Yo soy la virgen María.
Le pregunté:
- ¿Por qué?
Ella me dijo:
- Hombre, pues porque me llamo María y soy virgen.


Divergentes


Porque mi andar es otro andar y tu debilidad mi debilidad. Porque hay poca gente como nosotros aunque hay gente por todas partes, peldaño tras peldaño como ahuyentar las olas de un mar amargo, con sal en mis labios y gritar a deshora a la cálida brisa que hoy tampoco tengo prisa aunque la puerta se abra para ver gente, esa gente que no sé de qué habla. En cines, bares, museos o entierros, bodas.... La gente que corre tras el autobús que se escapa y llega al trabajo con sudor en la frente ya llueva, haga sol o truene. En mangas de camisa, mini-faldas o envueltos en pieles con gorros y bufandas como sus propios hijos o llevando trajes de diseño y olor a fragancias de ensueño. No te preocupes, te llevaré a ver esa música que tanto te gusta, que no es cara ni tú barato, y espero que no sea un pase para otro desconcierto porque tu persona no puedo comprarla a tan alto precio pero sí tu saber en los límites de un amor que ahora cierra las ventanas con cerrojos y candados como puertas que se pueden derribar de un solo puñetazo cuando la rabia acecha y es expulsada a bocanadas expiradas a máxima potencia y es que su rutina es muy diferente a la nuestra, la de solo unos pocos, que duermen al olor de viejos candiles y a humos de incienso. Siemto que nos queda grande este mundo, que no entiendo, que parece loco, rápido en exceso. Pero la lucha continúa...

Y en tus ojos me dices el secreto de la verdad, en silencio: porque nuestro andar es otro andar, como animales en peligro de extinción en un mundo sin razon.

sábado, 15 de abril de 2017

Hoy me despertaron los rayos del sol

En esta laberíntica soledad junto a abismos, mundos de príncipes y hadas, perros huérfanos a los que nadie quiso adoptar y se les pasó el arroz, funambulístas que hasta ya tiemblan y aún así siguen arriesgando su vida. En este lugar que de nombre maldito fue ayer y hoy quieren cambiarle de nombre cuando hace años que lo perdió, en este lugar bajo nuestras pisadas de lana y algodón crece mala hierba que nos apresuramos a arrancar y a esconder en un rincón. De vez en cuando alguna tímida flor, o un duende infiltrado ¿acaso también un actor? Ahora, aquí estoy yo. Laberíntica en mi laberinto donde por suerte (quizá la del trébol de cuatro hojas que encontré cuando recorrí el Camino de Santiago) Apóstol divino de mi devoción que me regaló tantas salidas como oportunidades. Se me ocurre como mi vecino puede no abrir nunca el buzón. "Siempre está lleno de malas noticias" dice él "ya, pero y si un día llega una buena". Con dar una patada a una piedrecilla veo mil sonrisas a mi alrededor. - La vida está ahí afuera- no quiero condolencias, ni pésames... cenizas de plata caerán al mar cuando la hora haya de llegar. Mientras tanto seré una aventurera pernoctando noche aquí, noche alla o pasando algún tiempo en un mismo lugar

Soy persona


Soy autónoma, soy autosuficiente, soy creativa, soy mujer, soy madre, soy autónoma, soy autosuficiente, soy alegre cuando no estoy triste y triste cuando no estoy alegre, soy la luna de tus noches y el sol de tus amaneceres, soy autónoma, soy autosuficiente, soy tu mejor amiga, se guardar los secretos, soy poetisa marginal o de minorías de baja y alta escala, soy el perfil bello que ves tras mi ventana, mis labios son cereza, fresa, grana, soy autónoma, soy autosuficiente, soy luchadora innata, llevo la fuerza en sangre, ADN codificado para la dulzura y la bondad, soy la fiera que quisieras y no quisieras encontrar, niña de vestido azul mordisqueando una chocolatina, soy entusiasta, soy capaz, soy autónoma, soy autosuficiente, soy madre, soy mujer, busco mi libertad como el que intenta encontrar la estrella más brillante en el firmamento, soy autónoma, soy autosuficiente.

Vida


Tú me enseñaste a mirar
Como quien ve llover
Cuando no merece la pena
Tú me enseñaste
A que mis manos fueran
Cuencos de agua
Y no derramar
Ni una gota
A no hablar demasiado
Ni muy bajo
Ni muy alto
A decir no
Cuando es necesario
Y no arrepentirte
Al dar la espalda
A unos ojos
En supuesto llanto
Tú me enseñaste
A comprometerme
Si es correcto
El trato
Y a mentir
Si es cuento inventado
A tener siempre
La última palabra
A cerrar la boca
No a que me la cierren
Tú me enseñaste
A ser una fiera
Y a ser un encanto
Tú me enseñaste
A jugar con fuego
Y no quemarme
A crecerme 
Frente a las adversidades
A no echar
Más margaritas a los cerdos
Si soy hippie
Y de mis manos caen flores
En son de paz y amor
Tú me enseñaste
El color blanco
Al girar y girar la rueda
Y montarme en esta noria
De la que me cuesta
Tanto bajarme
Se agotó el presupuesto
Del ticket
¿Próxima parada?Quién sabe
Tú me enseñaste 
A de lo malo
Ver lo bueno
Y a sacar las ventajas
De una larga instancia
En el infierno
Tú me enseñaste
Yo misma me enseñe
VIDA

El secreto


Siempre que paseamos por el parque, por nuestro parque, ese que nos llena de frescor y un inconmensurable azul alma y corazón. Tu mano entre la mía, sin apenas hablar, conservando aún esa timidez y hormigueo en la tripa de cuando nos conocimos. Yo quince, tú diecisiete. Y me sigues preguntando por qué me río tanto cada vez que se nos cruza volando una mariposa blanca en nuestro camino, en nuestro viaje. Tú de mi mano, yo de la tuya. Solo puedo decirte que me causa mucha felicidad, no más porque es un secreto que no te contaré, que haré grabar en la lápida de mi tumba cuando falte, cuando te falte, Dios quiera que dentro de muchos, muchísimos años, por ahora y por siempre hasta el fin no puedo contártelo, no más. Entonces ese batir tan ligero de alas inmaculadas y tú perplejo porque me hacen remontarme al pasado cuando todas las tardes de verano, el reloj marcando las cinco, acudía a este mismo parque a leer bajo la sombra de un árbol. Me acompañaban el olor a eucalipto y el trinar de los pajarillos que, despistados daban saltitos cerca de mi, confundiendo mi cigarrillo con comida desmenuzable. Ambas cosas me encantaban: tanto fumar como adentrarme en esas historias que podías encontrar en los mares de libros llamados bibliotecas. Y ahí siempre estabas tú. Te sentabas bajo otro árbol muy próximo al mío, justo frente a mi, a leer tu libro solo que tú no fumabas. Me fijé, sobre todo, en esos ojillos tras el cristal de tus redondeadas gafas llenos de viveza y curiosidad, en ese atractivo gesto de colocártelas cuando se te resbalaban por tu afilada nariz mientras leías, en tu pelo alborotado como recién levantado ondeando en la brisa; olas de mar y en tus manos grandes y de finos dedos como de pianista.

Coincidíamos casi todas las tardes y durante algún tiempo fuiste un amor platónico para mi. Cada vez pensaba más en ti, cuál sería tu nombre, qué genero literario sería tu favorito, si saldrías con alguna chica, tantas cosas... te miraba sin que te dieras cuenta, embelesado en tu lectura y alguna vez vi que tú también me mirabas como con dos signos de interrogación en tus pupilas. Fue en una de esas que, justo, se me cruzo una mariposa blanca y rápidamente pedí un deseo como tantas veces había hecho antes sin que se cumplieran y, sin embargo, yo seguía repitiendo en homenaje ami abuela que no en vano siendo niña me recordaba de su importancia y la garantía, según ella, de que los deseos se cumplían.

Y ahora, aquí vamos los dos, paseando de la mano, por el parque en el que nos conocimos. Yo treinta, tú treinta y dos. No hablamos mucho y me sigues preguntando por qué me río tanto cada vez que se me cruza una mariposa blanca en el camino.