Ultimamente mi vida es aburrida como esas lecciones de clase en las que me dedico a dibujar corazones, de todos los colores, en mi cuaderno. Además, tienen dos flechas y a cada lado, tu nombre y el mío. El tuyo inspirado, desayunado entre ensoñaciones o para ser sincera inventado. También aparece el mío, aunque me hubiera gustado otro, y yo no sé si ambos irán a algún lado. Me echas una mirada furtiva desde tu mesa y tu compañero sonríe al notarme inquieta. Se acerca el profesor, sé que va a preguntarme por las frases "¿Compuestas, adjetivos, artículos, preposiciones, sujeto o predicado?" y me dan ganas de decirle "perdone, en mis frases solo existen dos palabras para mi, mini-frases, no sé... como mini es mi falda y también yo. Son sustantivos propios, uno a cada lado de mis corazones" Y me imagino que me hace mil honores arrodillándose como ante Nefertiti o Cleopatra aunque no me baño con leche ni he vivido en pirámides de extraterestres. Luego sigo las suelas de goma de tus zapatos que parecen sobrevolar sobre el asfalto. Y casi me pilla un coche al gritar tu nombre. Pero no te has dado ni media vuelta. Es que el semáforo estaba en rojo, como rojos serán los números sobre mis exámenes y miles de correciones por fallos que son tu nombre en mi corazón y en mis ojos, cuando pestañeo, pestañas-rejas de pupilas azules enamoradas. Y no me dices nada. Me aprendo el tema: sujeto, predicado, artículo indefinido como lo serán en el futuro mis contratos de empleo precario y barato porque fallo en Lengua pero solo en la de los libros del instituto pues en la de tu boca podría ser un mundo, un estallido silenciado, bocados de ternura a tu lado y a mi lado, dulce amargo con amargura dulce.
Anoche pensé: - ¿Seré idiota? Si ni siquiera sé su nombre. Me levanto sudando. Llevo mucho tiempo esperando. En la calle están cantando. Me asomo un poco y veo su pelo largo oscuro como un mal momento y sus pequeños ojos chispeantes como decisión admitida en la canción que ahora adorna mi noche en sueños despiertos que casi me cortan el aliento. Y entonces, creo, y entonces pienso: - Llevo mucho tiempo esperando así que, como a nadie le amarga un dulce te daré mi dulzura para amargarte.
domingo, 19 de julio de 2015
lunes, 13 de julio de 2015
A P.
Existen molinos de viento. Molinos de viento por todas partes y no solo en Castilla. Y no solo en esa Castilla.
Mi amigo Pablo leyó "El Quijote" en la cárcel y fue allí donde perdió el norte. Entonces decidió tatuarse en el brazo un escrito japonés, que, según él, quería decir: Norte, Sur, Este y Oeste y yo pensé... pues no te vayas al Norte porque lo has perdido, ni al Este porque tampoco con este, ni al Oeste que es por donde se pone el Sol y entonces solo habrá oscuridad en tu corazón. Mejor al Sur donde se viste gracia y amor verdadero y las aspas, como las de un ventilador no coratarán tus dedos si es que no te cortas en luchar contra molinos de viento. Pero no quiero ser Sancho Panza y vivir una psicosis compartida, ni tampoco a la deriva. Castilla está hechizada por un demonio, como los que están ahí arriba y quizá todos andemos medio locos o con esa venda que nos hace caminar como sonámbulos para no saber esa verdad que duele, que duele como un caso perdido pero que no es el mío ni el de mi amigo. Quizá todos andemos medio locos como nuestro cotizado Don Quijote pues en la sombra o a la luz luchamos contra esos monstruos que, en la noche, atacan y asustan hasta a los más niños. Sin escrúpulos, sin dignidad y digno eres tú, amigo, Pablo. Al menos de mi amistad porque yo también leí "El Quijote" y perdí el norte, a medias, solo, tal vez y no fue en la cárcel aunque encadenada me he visto bastantes veces. Yo perdí el norte sentada en mi sillita de mimbre, de muy niña, con gritos y peleas de fondo. Sí, solo tenía cuatro años.
Y tanta dulzura dedicada a un pobre diablo, ángle caído ensalzado. Monumento en Madrid, Turín y Roma puede dar lugar a un tiempo seco, sed de sal, de desparpajo, diversión y excesos pero no es eso. El Universo se revolverá pero no, no habrá otro Big-Bang ni tampoco el Diluvio Universal pues Dios parece haberse quedado muy atrás. Solo las aspas de esos monstruos-molinos no podrán parar de dar vueltas y perderán la cuenta y ya no sabrán ni sumar y entonces lloverán lágrimas y alegrías de ángeles buenos, caídos también pero en lo cierto y nos alimentarán de su sabiduría calmando nuestra sed. Renacer ante una, dos, tres, mil el mundo entero a nuestros pies. El mundo entero de los que ellos son testigos, de los que todos somos testigos y mientras una anciana aprieta un rosario arrodillada frente a Jesucristo yo blasfemo contra él en plena iglesia. Mareo los molinos, nosotros mareamos los molinos al igual que ellos intentan, convencen tergiversando y nunca llegan a nigún lado. Y desaparecerán los tribunales, los malos bares, los centros de in-salud mental porque para menta ya tengo mis caramelos. Quemaremos hasta los camiones de bomberos porque no apagan ningún fuego y, ni mucho menos, el que es cuestión de pasión.
Y, al final de este cuento, que cuenta mucho pero no es cuento. Tú y yo, y tantos, tantos otros que luchamos contra molinos de viento por leer novelas de caballerías u otras tonterías, obsesiones compulsivas sin remedio, cura ni culpa y, en el fondo, puede ser un sí o un no, un no te preocupes, nos volveremos a ver si está de Dios, de la vida, del amor o des-amor. Deshoja la margarita maldito, deshojo la margarita, maldito. Da un sí por respuesta, quizá trucada, como la propia vida, los dados no los lanzabas tú. La vida puede acercarnos o alejarnos en la lucha, esta vez juntos, contra esas manos cuyos dedos son afilados, cuchillos desesperados en pesadilla eterna que quieren contagiarnos.
Mi amigo Pablo leyó "El Quijote" en la cárcel y fue allí donde perdió el norte. Entonces decidió tatuarse en el brazo un escrito japonés, que, según él, quería decir: Norte, Sur, Este y Oeste y yo pensé... pues no te vayas al Norte porque lo has perdido, ni al Este porque tampoco con este, ni al Oeste que es por donde se pone el Sol y entonces solo habrá oscuridad en tu corazón. Mejor al Sur donde se viste gracia y amor verdadero y las aspas, como las de un ventilador no coratarán tus dedos si es que no te cortas en luchar contra molinos de viento. Pero no quiero ser Sancho Panza y vivir una psicosis compartida, ni tampoco a la deriva. Castilla está hechizada por un demonio, como los que están ahí arriba y quizá todos andemos medio locos o con esa venda que nos hace caminar como sonámbulos para no saber esa verdad que duele, que duele como un caso perdido pero que no es el mío ni el de mi amigo. Quizá todos andemos medio locos como nuestro cotizado Don Quijote pues en la sombra o a la luz luchamos contra esos monstruos que, en la noche, atacan y asustan hasta a los más niños. Sin escrúpulos, sin dignidad y digno eres tú, amigo, Pablo. Al menos de mi amistad porque yo también leí "El Quijote" y perdí el norte, a medias, solo, tal vez y no fue en la cárcel aunque encadenada me he visto bastantes veces. Yo perdí el norte sentada en mi sillita de mimbre, de muy niña, con gritos y peleas de fondo. Sí, solo tenía cuatro años.
Y tanta dulzura dedicada a un pobre diablo, ángle caído ensalzado. Monumento en Madrid, Turín y Roma puede dar lugar a un tiempo seco, sed de sal, de desparpajo, diversión y excesos pero no es eso. El Universo se revolverá pero no, no habrá otro Big-Bang ni tampoco el Diluvio Universal pues Dios parece haberse quedado muy atrás. Solo las aspas de esos monstruos-molinos no podrán parar de dar vueltas y perderán la cuenta y ya no sabrán ni sumar y entonces lloverán lágrimas y alegrías de ángeles buenos, caídos también pero en lo cierto y nos alimentarán de su sabiduría calmando nuestra sed. Renacer ante una, dos, tres, mil el mundo entero a nuestros pies. El mundo entero de los que ellos son testigos, de los que todos somos testigos y mientras una anciana aprieta un rosario arrodillada frente a Jesucristo yo blasfemo contra él en plena iglesia. Mareo los molinos, nosotros mareamos los molinos al igual que ellos intentan, convencen tergiversando y nunca llegan a nigún lado. Y desaparecerán los tribunales, los malos bares, los centros de in-salud mental porque para menta ya tengo mis caramelos. Quemaremos hasta los camiones de bomberos porque no apagan ningún fuego y, ni mucho menos, el que es cuestión de pasión.
Y, al final de este cuento, que cuenta mucho pero no es cuento. Tú y yo, y tantos, tantos otros que luchamos contra molinos de viento por leer novelas de caballerías u otras tonterías, obsesiones compulsivas sin remedio, cura ni culpa y, en el fondo, puede ser un sí o un no, un no te preocupes, nos volveremos a ver si está de Dios, de la vida, del amor o des-amor. Deshoja la margarita maldito, deshojo la margarita, maldito. Da un sí por respuesta, quizá trucada, como la propia vida, los dados no los lanzabas tú. La vida puede acercarnos o alejarnos en la lucha, esta vez juntos, contra esas manos cuyos dedos son afilados, cuchillos desesperados en pesadilla eterna que quieren contagiarnos.
viernes, 10 de julio de 2015
La condena de las horas
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| Hora maldita. Maldito diablo |
Un día, a esa misma hora se lió a pedradas contra el reloj de la estación. La policia la acusó por desarme público y ella dijo que como los armados eran ellos no podía hacer más. Así que se quedó desarmada por amor (o eso creo por lo que despues pude escuchar de la gente que lo vio) “él está preso pero nadie se lo quiere decir. Él es conocido en todo el pueblo. Sí, ese delgadito que solía ir con gafas de sol”. Mientras la metían en el coche recogí todas las colillas que tiradas dejó y en el suelo, junto a los torniquetes y el destrozado reloj dibuje un corazón. Las campanas de la iglesia de la plaza dieron las siete y, a lo lejos, en carretera, asfalto difuminado por la niebla chillé ¡vuelve mañana a las siete, quizá pueda arreglarse tu corazón!
miércoles, 24 de junio de 2015
Un bocado de ternura
Y hace ya un día
Que no pruebo bocado
En los bolsillos
Solo algunos céntimos
Tan escasos
Como mi alegría
Y no es
Ninguna tontería
E intento disimular
Esta penita
Esta penita
Que me persigue
Con risas
Que son de mentira
Como el cómico
Mejor domesticado
Que en su vida privada
Siempre da un no
Por respuesta
Y apuesta
Apuesta por mi
Si es que
Aún puedes
Pues suelo decir sí
Y,
De todos modos
¿A ti qué te importa?
Estoy harta de consejos
Y sigo en los huesos
Consejos
Que me suenan a cuento
Porque llevo tanto
Tanto
Largüísimo cuento
¿Un hechizo
Tal vez?
Y quizá
Tú lo leas
Y quizá no deba
Escribir más....
Que no pruebo bocado
En los bolsillos
Solo algunos céntimos
Tan escasos
Como mi alegría
Y no es
Ninguna tontería
E intento disimular
Esta penita
Esta penita
Que me persigue
Con risas
Que son de mentira
Como el cómico
Mejor domesticado
Que en su vida privada
Siempre da un no
Por respuesta
Y apuesta
Apuesta por mi
Si es que
Aún puedes
Pues suelo decir sí
Y,
De todos modos
¿A ti qué te importa?
Estoy harta de consejos
Y sigo en los huesos
Consejos
Que me suenan a cuento
Porque llevo tanto
Tanto
Largüísimo cuento
¿Un hechizo
Tal vez?
Y quizá
Tú lo leas
Y quizá no deba
Escribir más....
Poema sin terminar que seguirá
jueves, 11 de junio de 2015
I love boys
La peor enfermedad que existe es el amor y la mejor cura para ello es el amor.
Moraleja: si te deja tu novio échate otro mejor.
No te creas nada de lo que te digo
Dentro de poco amanecerá. Creo que las nubes mostrarán algún sentimiento que nos haga entender algo de la verdad. Tus ojos claros no me lo dejan claro y aunque el cielo, durante el día, también lo es, hoy no miraré las nubes porque quedan muy altas y si salgo a la calle, al menos en este día, iré cabizbaja. Como mucho, daré una vuelta a la manzana o muchas si es que me decido a abrir la nevera para comer algo. Encontré un hueco entre tus brazos pero ya no me haces parte de tu espacio y ni del Espacio ni especial. Solo se que se poco y me sabe también a poco la soledad. Como una calle iluminada a qué importa que hora de la madrugada. Tan sola como la mujer que camina por ella, tan libre como sus pasos que no se ven en el intento, ni obligados a acompasarlos con los de su acompañante y a la vez como dirigida sin ser juguete ni mascota. Quizá él prefiera a otra. Ahora escribe y hace un alto. Entonces mira a través de la ventana y ve un muro con tan solo un ventanuco, tan pequeño y triste como un perrillo abandonado. Y no está bien comprar los secretos ni venderlos. Pecar, peco de bastantes cosas aunque ninguna es pecado. Dudar no es de sabios cuando te consta que él ha tomado otra dirección. No se si se trata de una “enfermedad” precoz como tantas veces lo es un amor que se acaba o ¿es mejor dirigirse al otro a través de gestos? Suelo decir hasta luego con la voz que resuena en cada lugar donde me hacen un sitio. No soy ninguna maltratadora y tú te fuiste corriendo. Más bien un “coge el dinero y corre” en nombre de quien sabe qué o quién y sigo pensando que no son motivos suficientes como para llorarte o tirarle al pobre gato un buen trasto.
La verdadera historia de Heidy
Existen historias. Muchas historias. Tanto en la realidad como en la ficción. Y la ficción es un reflejo, un espejo de la realidad. Además, como muchos dicen, la realidad en miles de ocasines supera la ficción. Volvamos atrás, a nuestra infancia para aquellos que nacimos en los ochenta. Marco, Willie Fog, Los Fruittis, Dartacán y, por supuesto, Heidy que es de quien quiero hablar en estos momentos. ¿Os acordais de Heidy? Sí, aquella niña tan risueña y feliz, con el pelo tan negro como el carbón despuntando hacia algunos lados como estrellas en el cielo. El rostro siempre encendido por su ilusión y felicidad... dos pequeños círculos rojos dando aún más luz a sus ojos grandes y sinceros como soles y por boca una sabrosa cereza o frambuesa o fresa ¡Quémás da ! Porque Heidy, sencillamente, era deliciosa. ¡Qué bonito estar junto a ella! Compartir abrazados esas nubes de algodón sobre las que ella volaba y sobre las que quizá pensaba que eran enormes caballitos de mar descubriéndo el interior de un mar lleno de dulzura, viajando entre seres diversos, a cual más peculiar, a cual más interesante y después bajar y encontrarse con Pedro. Aquel pastorcillo que andaba siempre preocupado por ella por ser una niña, una niña-princesa sin protección y con un hogar que ni siquiera le pertenecía. El abuelito la llamaba "¡Heidy!, ¡Heidy! ¿Dónde estás?" Y ella llamaba a Niebla, amaba a Niebla pero más a Pedro como un príncipe azul de cuento de hadas solo que su cuento no consistía ni mucho menos en algo así. Pero tampoco el de él y ella lo sabía. ¿Os acordais de Heidy? ¿Quereis que os cuente su verdad? Si Heidy hubiera sido un personaje real hubiera sido pasto de paparazzy sin escrúpulos que se hubieran forrado a base de exclusivas en su ingenuidad y fotos robadas. Heidy hubiera acabado escondiéndose tras unas gafas de Sol y un pañuelo sobre el cabello, gabardina y quién sabe qué más.
Todos sabemos que Heidy era una niña muy desdichada. Vivía sola en las montañas, contaba solo con su abuelito y su amigo Pedro. Heidy, en realidad, no era feliz. Nunca vimos su pasado, porque aunque las tragedias también vendan, lo que interesaba de Heidy era su ilusión, su bondad, generosidad y una voz tan dulce como la de un ángel enamorado. Así que, después de tanto llorar en la azotea, mirando los pájaros cantar a través de la claraboya, y sonándole estos trinos solo a un trino clamando socorro. Tumbando su cabecita en la almohada para dormir, solo dormir y olvidar que no tenía madre ni padre, ni siquiera un amigo (o eso pensaba ella porque Pedro andaba detrás) No pudo hacerlo, asi que decidió ir a la alacena para comer algo. Quizá un pedazo de queso con pan o chocolate junto a leche fresca reciente de las vacas que en la granja descansan sus ojos a los que rondan las moscas y estando allí frente a estantes y cestos de mimbre sobre ellos vio una botella. Primero le llamó la atención por su color, verde... como alguna vez había leído que era la esperanza. Su curiosidad hizo que la cogiera y quiso saber qué aroma desprendía aquel recipiente tan desconocido para ella. Sí, es verdad que no lo conocía pero le gustó y decidió probarlo. "¡Está riquísimo!" Pensó y, sin saber por qué, sonrió así que tomó otro sorbo y otro y otro hasta que casi terminó con más de media botella. Y aquel día fue maravilloso para ella. Se olvidó de que vivía sola en las montañas, compartió muchas risas con Pedro y por fin se sintió feliz cerca de su abuelo tan autoritario y malo aunque nos hicieran creer lo contrario. Y a partir de entonces, Heidy buscaba las botellas de vidrio verde que su abuelo escondía en la alacena y se tumbaba sobre la paja y volaba sobre las nubes y se columpiaba siempre riendo, siempre feliz y jugaba algo disparatada con Niebla y Pedro la besaba en la frente, como a la más pura virgen, porque lo sabía y la quería y Pedro la perseguía y Heidy empezó a vivir en un mundo irreal, de fantasía, donde todo era felicidad. A veces, sentía ganas de llorar, pero solo le bastaba con echar mano otra vez de ese licor para volver a ese estado que ya empezaba a ser natural en ella.
El abuelo, al darse cuenta de lo que ocurría la internó y Heidy allí conoció a Clara. Clara era una niña sensata, muy correcta y hermosa solo que estaba en silla de ruedas, muy triste por ello porque quería correr como todas las demás y saber qué se sentía. Encarcelada en su silla solo anhelaba sentirse libre. Pero Heidy la animaba, la quería, la escuchaba, la hablaba, la sacaba a pasear. ¿Por qué? Porque volvió a encontrar ese licor bajo la cama de una de sus compañeras que no solo guardaba una, ni dos, ni tres, sino hasta cuatro botellas de vino. Y Clara incluso comenzó a caminar gracias a todo el amor que le daba Heidy. Hermoso ¿verdad?
Heidy finalmente se casó con Pedro y Clara tuvo muchos amantes y novios sin durarle ninguno mucho tiempo a pesar de su correción, buen hacer y larga, preciosa y rubia cabellera.
Eran los años ochenta y ya sé que Heidy solo es o era un personaje de ficción pero quizá, y no sé, si para bien o para mal, Hidy se decidiera de una vez a dejar el vino. Muchos también lo harían y les esperaría otro tipo de vida pero ¿qué vida? Y es que no todos somos como ella. No viajamos sobre nubes, ni creemos en príncipes azules, ni podemos conseguir que una chica en silla de ruedas sea capaz de caminar.
Algunos dicen que Dios era alcohólico ¿Acaso es que Heidy era un ángel de Dios? Y vuelvo a repetirlo, la realidad supera la ficción aunque, a veces, la ficción también supera la realidad. Y creo y sé que existen muchas Heidys por ahí. Tal vez bajo tu piso, tal vez la mujer de la frutería que te atiende con una bella sonrisa cuando vas a comprar.
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| Heidy, tan solo ella. |
El abuelo, al darse cuenta de lo que ocurría la internó y Heidy allí conoció a Clara. Clara era una niña sensata, muy correcta y hermosa solo que estaba en silla de ruedas, muy triste por ello porque quería correr como todas las demás y saber qué se sentía. Encarcelada en su silla solo anhelaba sentirse libre. Pero Heidy la animaba, la quería, la escuchaba, la hablaba, la sacaba a pasear. ¿Por qué? Porque volvió a encontrar ese licor bajo la cama de una de sus compañeras que no solo guardaba una, ni dos, ni tres, sino hasta cuatro botellas de vino. Y Clara incluso comenzó a caminar gracias a todo el amor que le daba Heidy. Hermoso ¿verdad?
Heidy finalmente se casó con Pedro y Clara tuvo muchos amantes y novios sin durarle ninguno mucho tiempo a pesar de su correción, buen hacer y larga, preciosa y rubia cabellera.
Eran los años ochenta y ya sé que Heidy solo es o era un personaje de ficción pero quizá, y no sé, si para bien o para mal, Hidy se decidiera de una vez a dejar el vino. Muchos también lo harían y les esperaría otro tipo de vida pero ¿qué vida? Y es que no todos somos como ella. No viajamos sobre nubes, ni creemos en príncipes azules, ni podemos conseguir que una chica en silla de ruedas sea capaz de caminar.
Algunos dicen que Dios era alcohólico ¿Acaso es que Heidy era un ángel de Dios? Y vuelvo a repetirlo, la realidad supera la ficción aunque, a veces, la ficción también supera la realidad. Y creo y sé que existen muchas Heidys por ahí. Tal vez bajo tu piso, tal vez la mujer de la frutería que te atiende con una bella sonrisa cuando vas a comprar.
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| La otra imagen de Heidy Y AÚN CON TODO, SONRÍE |
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