jueves, 23 de abril de 2015

Mi luz en tu perfume

Breve nota introductoria de la autora: este cuento lo escribí a los quince años, supongo que por ello, debe contener algunos fallos pero quería compartirlo con vosotros, así, tal cual, pues me cuesta corregir los textos y a este, en particular, a pesar de haberlo leído tres veces no le he notado nada. Suelo, como digo en el blog, sacarlos del cajón de los recuerdos, donde encuentro alguna sorpresilla como esta que espero os guste.

Junto a la ventana, si te fijas, podrás ver aquel geráneo que plantamos cuando éramos niñas. Aún sigue allí, en el mismo lugar, tras los mismos cristales y rozando las mismas cortinas de ganchillo que tanto trabajo le costaron terminar a nuestra madre. Si me acerco un poco más a la casa con mi mirada y recorro el interior de esta puedo trasladarme a aquella época en la cual el tiempo era un eterno caramelo de risas y maravillas. Puedo verte corretear con mi muñeca de trapo alrededor de la mesa mientras yo te persigo haciendo volar mis rizos color aceituna. Puedo percibir el aroma de la ropa limpia secándose al sol. Pero ahora, el geráneo, está seco y marchito y sus flores desprenden un sentimiento de abandono y tristeza. “¿Qué es lo que oculta su aspecto?”, “¿Por qué no puedo dejar de mirar esa imagen?” Mi subconsciente sabe que esa planta es un retrato de mi misma, siempre lo fue, desde que junto a ti, enterré las semillas que encontramos bajo un árbol y esperamos impacientes el mágico crecimiento de una planta desconocida. Nació sana y hermosa como yo me encontraba en aquellos instantes y siguió así hasta que cumplí los doce años. Fue entonces cuando un fatal acontecimiento cambió nuestras vidas. Padre amaba las tierras que trabajaba, siempre llegaba tarde a casa alegando que había tenido mucha faena en el campo, pero yo nunca le creí, imaginaba que había encontrado el amor en otra mujer y cuando le miraba fijamente a sus pupilas destelleantes, sin que él lo notara, me parecía ver, entre las chispas, el recuerdo de su amada. Ahora me doy cuenta de que su única admiradora durante todos aquellos años fue la misma tierra, que celosa del amor verdadero entre nuestros padres, decidió absorverlo para llevarlo hasta lo más profundo de sus entrañas, muy por debajo del mar y las estrellas, muy por encima del mar y las estrellas. Todo pareció teñirse de negro entonces, ya no eran solo las ropas de madre, la casa estaba sumida en una inmensa oscuridad y nuestros rostros perdieron toda su viveza para apagarse como el de padre… pero no eternamente. Madre tuvo que buscar un trabajo para sacarnos adelante pero por más que pateó calles siempre hubo un hombre, igualmente preparado, que se le adelantó aunque llegara más tarde que ella. El dinero escaseaba y yo no podía permitir que madre se entristeciera más. No sé por qué pero la gente, nuestros vecinos y amigos, se volvieron cada vez más distantes, ninguno se prestó a echarnos una mano así que tuve que empezar a trabajar con tan solo doce años y medio. Para colmo de males mi tarea consistía en limpiar la casa de una anciana que se quejaba de todo. Por la noche, después de mi jornada aprovechaba para hacer los deberes del colegio pero aún así acabé suspendiendo el curso. El geráneo cada vez se veía nás amarillento. Odié mi destino, odié haber nacido, me sentía vícitima de un embrujo malévolo y en mis sueños perseguía al maléfico hechicero para que me devolviera a padre y mi vida anterior, me vi envuelta en una cadena de problemas de la cual no me podía desprender. Gracias a Dios mi geráneo pudo recobrar su color habitual cuando en mi vida apareció Pedro, él convirtió mi desdicha en felicidad y también la de madre pues la ofreció un puesto de trabajo en su empresa. El maleficio pareció disolverse del todo con nuestra boda, incluso tus labios, que desde la muerte de padre se habían convertido en una linea recta, se curvaron más a menudo para mostrar sinceras sonrisas. Pero… volviendo al instante real en el que me encuentro me doy cuenta de algo… el geráneo está solo y abandonado, como mi corazón suele sentirse, no dejaré que esos recuerdos perduren más en el presente, pertenecen al pasado, ahora todo es mejor, aquel sin fin de tristezas pasaron y las borraré de mi mente llevándome la planta a casa, cuidaré de ella como de mi misma y cuando recobre de nuevo su luz, entonces sabré que mi corazón también se ha iluminado.
Margaritas de nuestros amores. Tal vez un sí, tal vez un no.
SONRÍE

jueves, 9 de abril de 2015

Mujer caducada

Conocí una mujer que estaba caducada pero no de vieja sino de vivida.

Amores disfrazados

Hay algunos que se beben hasta el agua de los floreros y dejan pasar días muertos, que no de sed. Hay otros que buscan agua en cuerpos refrescantes de mujer o mares de dinero más estos sí mueren, de sed.

En algún momento, siempre.

Hace tiempo me preguntaron qué significaba para mi escribir y no supe qué decir. Ahora voy dándome cuenta aunque quizá no esté en lo cierto aún. Escribir es como un Dios que en su misericordia me castiga diciendo, a través de mis manos, lo que le viene en gana. Como un ímpetu de vientos que me azotan a altas horas de la madrugada rompiendo mis sueños justo en el punto más álgido y dándome otro que se empeña en ser el más acertado. Un primer amor que me pilló a tiempo y vamos celebrando aniversario tras aniversario. No te puedo dejar, tú a mi tampoco a pesar de que esto, a veces, me parece que es una relación tóxica.

Veo tu desnudez e invento la mía

Él gana cuatro mil euros al mes. Su hobbie es coleccionar los mejores coches, perros de raza, ropa de marca y mujeres de dudosa reputación en hoteles lujosos pues una de sus máximas es "lo barato sale caro". Yo cobro el subsidio del paro y desde el problemilla con mi jefe tengo depre. Colecciono cervezas y cigarrillos y si me apuras también escribo, y mucho. El caso es que cuando me toca ir a verle, como cada mes, entre el día veinte y treinta, al otro lado de su mesa y viendo como apunta cosas absurdas tal vez por inventadas (creo que le importa, tal vez sí, tal vez no, un carajo mi vida) no puedo más que salir y reírme ante la secretaria que me da otra nueva cita y recuerdo esa cara de sufrimiento (ojos de niño al que persigue una abispa, labios tensos, letra temblorosa en un sucumbir de manos en lo que imagina pasado tenga a quien tenga al lado. Le sudan un poco, traga saliva, parece como si se le acelerara el corazón y yo pensando que estaba enamorado)

Ya, en mi propio despacho, quiero creer que llega alguna cliente desesperada por saber si su marido anda con otra y, a pesar de que hace meses, la puerta permanece cerrada, me río abiertamente, junto a mi cerveza porque lo sé: "él tampoco llega a fin de mes".

lunes, 6 de abril de 2015

Alas inocentes




Ellos nos enseñan a timar al más inocente, más joven o mas viejo. Ellos nos enseñan a delinquir, el timo por bandera y luego hay que levantar españa, siempre la bandera, todo por la patria que es todo menos una patria y, siempre, una buena armadura disfrazada de trajes caros, las mejores marcas que disimulan celulititis y barrigas de matar pobres animales. Channel nº 5 para incautas o verdaderas… mejor callar. Estas suelen ir con tacones que no suenan al pasar como secretos que nunca dices y por eso mismo, un poquito más, te van dañando… te van dañando hasta solo suspirar y suspirar. Después dirán “no aparentas tu edad” y ellas dirán “no, solo es que soy una moneda falsa, así que, si cuela, mejor cambiame por otra”. En el Banco de España es fácil, no te preocupes. Ellos no trabajan de sol a sol, poco, como lo que dan y luego solo dormir pues ya están cubiertos de tanto que ni aprecian una palabra de amor y, aún así nunca tienen suficiente. El Metro esta sucio, no les pagan, todo lleno de basura y los únicos que se enferman son ellos. Ellos… ¿quién? Los no sinceros, hipócritas y lo peor totalmente infelices. Compran nuestras ilusiones, pensé, siempre quise pensar, que la ilusión no tenía precio. Pero, jamás, volverán a arrancar mis lágrimas, no permitiré que nos escupan de atubuses llenos de tristezas, rutinas malgastadas en un perfume que huele mal, si hace falta chillaré lo más alto que pueda y no permitiré que volvamos a caminar inciertamente, tropezando, rezando a un Dios que no sé si por anulación o por desidia cada vez trabaja menos. Besémosle y no importa, de verdad que no, que sea en los labios. Todos llevamos nuestro número, marcados como reses, corremos tras el tranvía, damos algo a quien nos parece perdido, sonreímos a ese par de dos que van a salvarse mutuamente y, a veces, todo me parece raro y sí, yo también soy rara. Pero no llevamos un cartel en la frente, al menos, eso, aún, no lo han hecho. Intuición, pero, a veces, en tu mirada, en sus miradas. Callar, disimular y asentir aunque sea un no, si es que crees que es lo acertado. Voces de monstruos en los trenes, en el camión de la basura que siento tras la ventana tres veces en la noche si no puedo dormir, en coches abundantes, tanto, mucho más que el agua que nos refresca, que nos renueva, que nos da vida mientras ellos a través de sus tubos de escape sueltan el veneno del asesino, contaminación, pero sí, todo va mejor de esa manera, y mi manera es la de la princesa siempre con sombrero, sin embargo, nunca he visto vehículos entre rejas. Intereses, ten cuidado, puedo darte un puñetazo, intereses, intercambios quizá sea mejor. Quizá aquel trueque cuando éramos libres, así no tendremos que tocar lo más sucio, lo peor que existe, tan abundante y al mismo tiempo tan escaso, mucho mejor un indigente que nunca lo será, que te arropa con su manta sin importarle quien eres si es que te sientes triste o falta de amor que te arropa con su sonrisa aunque no hable tu idioma. No nos hablaremos con palabras, sino con gestos, nos entenderemos y creo que nos amaremos y comprenderemos. La uve en la mano derecha y un beso aunque hayas hecho lo que hayas querido hacer. Luego, él, se esconde bajo cartones como un niño conversando con su amigo invisible y besos que vuelan por el mundo si es que la bondad aún sigue existiendo. Y si esa noche no hay estrellas, nos echaremos una manta por encima y mis estrellas serán tus ojos y para ti mis ojos las tuyas. Y qué bonito es un “te quiero”, sobre todo cuando se dice en silencio. El frío cala el corazón de soledad y sinsabores, de amores perdidos pero si estás a mi lado, quizá, quiero creer, que todo irá bien. Mis problemas, de todos modos, no son del todo asunto tuyo pero si quieres te confiaré algo. Se está empezando a comprar la bondad y la solidaridad. Enamorarse se está convirtiendo en una trampa, como cepos para esos, esas, a las que no les queda más remedio que hacer letargos y salir renovadas, renovados, dispuestos a seguir. Y un beso para ti. Ya no hay palomas que dejen un mensaje en tu ventana, ahora dicen que hay que erradicarlas como una enfermedad. Solo espero que no puedan con el amor, que no cueste dinero, no hay medicina para el amor ni lo necesitamos, solo espero que no lo consideren una enfermedad, que no nos lo roben, que no nos conviertan en robots, ni zombis, que haya sonrisas, risas en una preciosa noche de vestido de tirantes y lentejuelas azules. Solo espero que no nos quiten lo poquito bueno que nos queda y si no tendré que volver a Venus.

 

 
 

Tú por mi, yo por ti

 
 

Infeliz entre tanta cordura encontró una locura en forma de mujer. Desde entonces, como cada mañana, cuando nos sentamos juntos en la marquesina, le veo sonreír y yo también lo hago pues, al igual que su destino, dejé atrás mis corduras y ando loca, loca por él.